Arte poética

Arte poética[1]

“Soy un joven de agua dulce ascendido a capitán de barco”, aún así, voy a escribir mi Arte Poética. Lo más seguro es que está concepción vaya cambiando a lo largo del tiempo. O quizás no. De todos modos, esta es mi Arte en este momento, esta semana, este mes, este año. Una de las cosas fantásticas del Arte es que todo puede reducirse a cenizas y renacer en cuestión de segundos. Os regalo mis llamas, no las apaguéis.

En primer lugar: El poeta es un ser un ser humano; lo mismo que el panadero, el campesino, el sacerdote o el rey. No es ni superior ni inferior a cualquier otra persona, como todos, como deberían hacer todos, quiere regalarse al mundo y dar su fruto maduro. El ser un humano cualquiera significa que no es un elegido no más que en la medida en la que el panadero también lo es. Tampoco es un dios ni un deimos, ni un ángel, ni un demonio (aunque pueda poner cara de “demonio arrepentido”, aunque se declare romántico a sí mismo).

pluma-espada1Probablemente esta noción de “el ser superior”, además de oler a reminiscencias burguesas, provenga de que este “don”, este talento, esta especialidad del poeta ha sido, de alguna manera, poco reconocida. Me explico. Al panadero se le reconoce la confección del pan, tan necesario para la alimentación. Esto es lógico ya que uno puede sobrevivir sin cultura, no así sin comida, mas no por ello deja de tener sus consecuencias. Se considera al artista y al pensador un hombre ocioso, un burgués algo afeminado o, si es mujer, una mujer demasiado libertina (¡Escribe de amores![2]). Desde mi punto de vista el poeta ejerce una función tan necesaria como la del labrador, tan sólo, en vez de usar la fuerza de las manos, las piernas o la espalda; usa la fuerza de la mente, los ojos, la boca y el corazón. Y se cansa, claro que se cansa, y sufre, claro que sufre, y se lesiona, claro. Y se tiene que esforzar pues su trabajo, sobre todo desde la comodidad burguesa, es mucho menos digno que el del labrador. Tiene que hacerlo mejor. Y como todo trabajador, una vez terminada una parte de su eterna Obra, se seca el sudor de la frente, sonríe y descansa. Además, claro debe probar la sal del sudor del hombre, como dice Gloria Fuertes

“ […]Trillar en labranza, bajara alguna mina,

ser buzo una semana, visitar los asilos

las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos

danzar en las leproserías[…]”

Tampoco “viaja” el poeta a mundo diferente, superior, alguno. Simplemente su capacidad consiste en que ve más profundamente, más hondo en la Realidad. Él ve el mundo y ve a través del mundo. Por eso puede y debe descubrir lo Oculto, desvelar lo velado y recordar  al hombre, al ser humano, que resulta que es humano. Y como Ve, ve que el mundo es deslumbrantemente bello, plateadamente triste o “putrefactamente” oscuro. Y puede escribirlo, y puede transmitirlo y por esta Luz u Oscuridad se siente a veces un Dios o un demonio. Y lo transmite, su labor es llevar ese fuego, esa luz promteica, al resto de la gente. Como el panadero lleva el pan. Un pan intensamente poético, maná celeste de cada día.

La mejor definición objetiva de poesía la encontré en Machado “Poesía es algo de lo que hacen los poetas”. La definición poética a la que hago caso es de Jorge Luis Borges en estos versos:

“Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Ítaca verde y

humilde. El arte es esa Ítaca de verde

eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable

Que pasa y queda

[…]

que es el mismo y es otro

[…]”

De verde eternidad. Río que es el mismo y es otro, interminable, me parece el marco perfecto para la poesía, ese cuadro que veo y que quiero mostrar, ese “Espejo real de terciopelo plateado […] triste espejo que llora […]”, que diría un amigo, joven también,  y poeta como yo.

Atención, no estamos hablando del campo verde, sino de un campo de “verde eternidad” y de un mismo río cambiante.

Cuanto al lenguaje que se debe utilizar para esta labor  es, lógicamente, el lenguaje poético. El lenguaje poético como camino directo, no como desvío. La “palabra exacta”,  sacar algo al mundo “para siempre y sin cogerlo” nos dice Pedro Salinas en Todo más claro. La metáfora como el camino más directo a lo que la palabra racional no puede llegar por sí sola. Al ser en sí, se podría decir, no a sus características. Lo que algo es no de qué modo es. O no. La realidad es demasiado compleja para verlo todo, se llena de paradojas y contradicciones. A mí, influenciado por los “ismos” y la Generación del 27, el lenguaje surrealista me parece excelente para esta labor, aunque no temo en recurrir al lenguaje claro, fuerte, denunciador, cuando es necesario, me parece que, como seres humanos que viven en sociedad, tenemos derecho a ello. Se trata de que el resto del mundo nos comprenda y se comprende, no tan sólo de que se nos admire.

Desde la aparición del Arte puro, de la Poesía Pura en mi caso, se hace necesario hablar de ello. Esa poesía  fresca, “del otro costado”, diáfana, de  Salinas y Aleixandre en algunos libros y sobre todo del gran Juan Ramón Jiménez  con su Obra, casi tan inmensa como su ego abrazante. Personalmente, como poeta, me gusta leer poesía pura y torturarme a veces escribiéndola, pero, como persona , no me gusta. El artista que hay en mi clama “¡Admirable!” como el Rubén Darío de Valle-Inclán, pero la persona social no acaba de entender para qué demonios sirve esa poesía en la vida práctica. Esa luz de ángel. Admiro estéticamente la Poesía pura, pero yo quiero algo más: El calor humano.

Finalmente: Mi Poesía. Como he dicho, la poesía consiste en gran medida en desvelar la belleza y tristeza del mundo. Lo bueno y lo malo. Esta es la dicotomía que rige mi poesía (sea una división real o no, es como aparece mi realidad poética). En mi poesía veréis más o menos claramente la batalla entre la Luz y la Oscuridad, pero también les veréis fusionarse para crear belleza. El bando que yo he elegido es el de los buenos, que es el que se suele elegir conscientemente. No rechazo los adjetivos, aunque sé de la fuerza de los nombres, me parece que un adjetivo puede formar perfectamente parte de un nombre, que un nombre puede explayarse mucho más allá del sustantivo. Además, me sirven como símbolos; mis adjetivos no son adornos, no es barroquismo ni modernismo, están ahí por algo. Es misión del lector, como siempre, descubrir por qué. Mi elemento es el fuego y la noche, pero ese fuego prometeico, creador y la noche como escenario. Mi símbolo y también el de algunos amigos es la estrella (que espero que algún alma caritativa  me dibuje en algún momento, soy nulo para las artes plásticas), la estrella por que ilumina, arde, y guía, como dice el Príncipe de la tinta, “Los poetas, pobres astros desterrados a la tierra”.

[1] Donde digo poesía, podría ponerse “Arte” y donde digo poeta “artista”. Yo solo me atrevo a hablar (y tímidamente) de poesía porque es la disciplina que a mí me atañe.

[2] Es ironía.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s