Autores favoritos:Emries de Monteoscuro

 

 

un viejo sabio

 

Emries de Monteoscuro (o Emrys Mórcuro) soy yo. O quizás fué un escritor vagabundo que vivió entre los siglos VI y VIII d.C, aunque hay escritos griegos del siglo V a.C en que algunos dicen verle en en un tal Ekris de Ítome del que habla un biografo de poca monta llamado Alectorio. Sea como sea, es un nombre que ha ido pasando a través de los tiempos y las fronteras y aunque es poco probable que siga vivo sigue habiendo alguien que utiliza su nombre para publicar. Parece ser que este Emries del siglo VI viajó por muchos lugares y en ningún lugar se quedó mucho tiempo, por lo cual los investigadores solo han encontrado algunas pruenbas poco evidentes de su paso, aunque en la mitología popular se afirma la existencia de muchas más. De este Emries se conservan siete poesias fechadas en el siglo VIII, en el año 710, dos de ellas, incompleta la primera de ellas, en gaélico, las llamadas Cantos del ciclo dos en latín tardío las Carmina Fati, y la Veritas est especulum, (está última tiene una traducción anónima al español antiguo como El diablo esclavo y otra versión en español actual, sin título ,y publicada por uno de esos “Emries de la modernidad”) ,dos en sajón antiguo y el título en latín de una poesía escrita en un lenguaje no conocido: Misterius noctis, que ha sido objeto de estudio por muchos esotéricos, filólogos y cientificos sin lograr nada. Recientemente se ha encontrado dentro de una caja fuerte electrónica del siglo ii a.C un libro titulado “Sombra de Luna”, que se estuvo escribiendo en este blog.

La espera

 

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Edipo y la Esfinge (J. Auguste Dominique Ingres)

Él no está. El siempre se ausenta estando pero es que ahora no está. Ni siquiera al extender mi exocéntricamente egoísta percepción de poeta puedo escuchar el mar que reside en sus ojos. Estoy preocupado pero quiero salir ya de este sueño para ocuparme de buscarle. El teléfono no responde-aún si respondiera no sabría si es él o solamente su voz- y las ruedas de la noche empiezan a girar sobre nuestras cabezas. Coros impacientes empiezan a murmurar su nombre o más bien los emisión fónica de los sonidos que

constituyen el termino que usa normalmente él para denominarse y del que informa a los demás. Yo sé que su nombre es mucho más amplio y su coste es mucho más caro. Pero él no está y yo solo tengo fonemas, letras y números para llamarle.

Espero que no… Pero ¿Quién? y ¿Por qué? Aunque lógicamente hay indicios… Entonces yo debería… Si él….
Como él no está yo no sé si estoy y si no sé es que ni siquiera estoy. El teléfono está sin energías. A mi alma llegan ecos pero estos pueden haber sido emitidos hace tiempo…

Es que él sabe. Y si sabe ¿Por qué no está? Si no está es que no sabe. Puede ser un olvido, un olvido solo recordado por mí. Si olvida es que en el momento ignora; si ignora no sabe; yo no sé. Si él no sabe y yo no sé ¿Dónde está él? ¿Y yo?

El DÍA DE LA MÁQUINA

¡Llegó el gran día! Los respetables asistentes al evento se aglomeran en la sala. El público es variado: personas mayores que ya dominan el sistema de elección absolutamente (se les enseñó muy bien como pulsar uno de los botones y son expertos pulsadores) y personas jóvenes que por primera vez participan en el evento, emocionadas por ir a pulsar libremente los botones que ofrece la máquina. Hay muchos que se voltean para leer las leyes de uso en el panel electrónico detrás de los asientos.. El público se aposenta en el graderío de forma parecida a cuando van a meter dinero en la hucha del circo, yendo a ver a los esclavos morir ante los leones

… A los esclavos morir ante los leones…
Se encienden las luces de la sala y el aire domesticado refresca el sudor de algunas frentes enrojecidas. Siempre hay alguno que se queja de la estrechez del asiento, por ahí hay dos enamorados que van a votar juntos, en otro lado dos discuten a gritos cuál es la manera correcta de pulsar el botón. Las azafatas y los azafatos de colores vuelan de cabeza en cabeza revisando que todo esté correcto.
Se abre el telón.
Un breve espectáculo precede a la utilización de la maquina. Los actores de la tragicomedia chillan y peroran sobre la manera correcta de hacer un nudo de corbata, como se debe andar por la calle y sobre cómo se diferencian (imitándose mutuamente). Después los botones de la gran máquina se iluminan de colores brillantes y cada asistente al evento pulsa libremente uno de los botones ofrecidos por la máquina, cada uno de los botones emite un ruido distinto y pronto se crea un estruendo ensordecedor. De repente, un señor con chaqueta, una maleta de cuero y aire extravagante se levanta y grita por encima del todo “Yo quiero música, no ruido” y se marcha. La pareja de enamorados, dos chicos, se levantan y juntos gritaron “Queremos ver hablar a seres humanos no a máscaras de plástico que ni siquiera crean arte” y se marcharon. La alta figura de un sacerdote vestido con su sotana se levantó y exclamando “¡Yo persigo una luz más alta que la de estas bombillas!” desapareció por el fondo de la sala.

El viento fresco del exterior hizo ondear sus ropas mientras salían de la sala. El público se quedo murmurando, en los actores, ya fuera de escena, había una mueca de desdén, entre el público se oía “Si no pulsan el botón que no opinen sobre la máquina”, “Putos anarquistas”, “ilusos”, “maricones”, “maldito cuervo”. Y las palabras entraban a formar parte del aire domesticado del interior.

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Dios

Ella está fría
en la pared apoyada.
Tú no
tú cómodo,
sentado.

Ella es luz
de piel desconchada
tú eres la hiel que infecta sus huesos.

Ella extiende una mano
Que tú vas retirando

La diosa.
el esclavo.

Él (el intocable) contempla.

 

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Watteau: Mujer arrodillada junto a una cuna

Alma

 

Lagunas oscuras
hay en mi alma
noches sin días
y días sin alba.

 

Altas montañas
de nieve incendiadas
con lagos profundos
de tantas miradas

 

Se alzan en ellas
muros de agua
nubes de sueños
escaleras de palabras.

 

Hay un valle
sin puertas cerradas
donde mora la Luna
y el placer de mirarla.
Donde existe una torre
toda hecha de arpas
y duerme su sueño
un niño de plata

 

Alamedas sin término
nieblas doradas
un camino que sigue
hacia la isla ignorada

 

Y guardados en un cofre
sin llave ni guarda
un tintero de sangre
una espada
y unas gafas.

Postal

Pasa el río, como siempre,
más tu reflejo quedará en el agua,
tu profunda faz lavada en el río
desde la seda eterna de tus mantas

¿ Cuántos niños se han asomado a ti?
¿ Cuantos te han bebido en el agua?
¿ Cuantos han jugado en tu charca blanca?
¿ Cuántas enredaderas de letras
rotas bajo tu ventana?

Un ciego te busco hace tiempo,
otro ciego en sus libros te encontraba;
Has sido, para muchos,
el símbolo de la imposible amada

La diosa oscura para algunos,
para otros  luz de la Parca,
o la puerta entre dos mundos,
o la testigo del villano
y del fantasma.

Amiga de un niño con miedo,
panacea de algún poeta
el veneno de otros tantos,
la deseante belleza.

Eres la chispa en los ojos
del amigo del mar,
el que te espera;
la piel de varias damas
y la que en tantos labios vela.

Conozco a un duende que te persigue
y que siempre te ocultas de su vista
Y sé de tantos, de tantas almas
que te buscan, como la mía.

Luna pues, hecha de espejos,
un saludo y una poesía.
¡Ya lo siento, estuve ocupado,
con tanta estrella que me envías!

luna con cara de mujer

De la lectura

Recuerdo que cierta vez, una persona me dijo que prefería la inocencia de Platero y Yo a la de El Principito, que le parecía ingenua. A mí esta afirmación me desconcertó. Para empezar porque el principito no es ingenuo, simplemente es sincero: dice verdades. Verdades que pueden ser y son íncómodas. Comprendo que haya a quien estas verdades le puedan incomodar, pero es lo que tiene la Verdad, es sencilla pero no fácil de aceptar. Esto puede estar relacionado con la acusación a las personas intelectuales de pesimismo, cuando este no es más que realismo: asumir que el mundo no es “bueno” ni “perfecto, que la vida no es un pasó, que hay tormentas durante la travesía, que el mar no está siempre en calma. En definitiva que la vida es una aventura y una agonía, en el sentido etimológico de la palabra: una lucha.
Pero me estoy yendo por las ramas.
Volvamos al tema principal: Lo que me extraño es que esta persona calificara a Platero y Yo como un libro inocente. Una persona que no conoce a Juan Ramón Jiménez ni su obsesión por la Belleza prefecta. Una persona que no sabía que Platero representa a la poesía, es decir, que no sabía la clave para descifrar el libro. Es difícil que entendiese ninguna de las metáforas. Esta persona, pues, ha leído un libro sobre un pueblo, un burro y el loco que lo monta, la pregunta es ¿Ha leído esta persona Platero y Yo?
Es evidente que, en la lectura, el papel del receptor es importante, sin él no existe la comunicación. El problema estriba en que los libros de Alta Literatura están hechos no sólo para ser leídos, si no, como nos dice Italo Calvino, deben ser releídos. El dilema que se plantea es el de qué lectura es la verdadera. En mi muy humilde opinión o todas las lecturas son verdaderas o ninguna lo es, pero es necesario comprometerse con el libro, querer sinceramente entenderlo. Lo que no se puede hacer, lo que es casi una aberración es la relación entre lector y el libro sea en vez de amantes, de amo y sirviente. No se puede pretender subyugar el libro a tu opinión, en ese libro late un alma que ha querido que tú la entiendas (Hablamos de Alta Literatura, es decir, no mera literatura comercial, ni literatura de panfleto ni literatura doctrinaria y sobre todo nada que ronde la palabra “dogma”). No puedes adaptar el libro a tu punto de vista, debes adaptarte tú al del libro y si no hay más remedio, tras ello, lo juzgas como verdadero o falso; como bueno o como malo.

No rechazo la investigación preliminar a la lectura del libro, de hecho, la apoyo. Pero siempre desde una verdadera intención de acercamiento. Si, tras ello, sabes que el libro no te va gustar no lo leas, si dudas dale siempre una oportunidad. Pero no “te enfrentes” al libro leyéndolo en contra de tu voluntad. Aquellos que “obligan” a leer libros cometen un grave error, a veces inevitable, pero muchas veces por la desidia de no buscar un libro realmente adecuado para aquel que debe leer uno.

Luego, este es el consejo: El lector ha de ser sincero con el libro y con sí mismo, acercarse al libro como a un compañero, si ve que no le conviene, ya se alejará, pero nunca debes imponer a un libro y mucho menos a uno que realmente sea una obra de Arte tu visión de las cosas. La debes imponer lo mínimo posible. Luego, si descubres que tu Visión ve mucho y es profunda, quién sabe… Podrías escribir un libro

Homenaje de Jonathan Burton al cuadro de George Seurat “Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte“

Homenaje de Jonathan Burton al cuadro de George Seurat Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte

A.M. García